La mayoría de los apneístas que han sufrido un síncope cuentan lo mismo: no hubo momento de lucha ni sensación de ahogo. En un instante estaban terminando una inmersión o una apnea; al siguiente, tosían en la superficie mientras un compañero les sujetaba la cabeza. Algunos ni siquiera recuerdan haber perdido el conocimiento.
Eso es lo que convierte el síncope hipóxico en la cuestión central de la seguridad en apnea. No es raro entre quienes llevan su límite más lejos, no da señales de aviso fiables y, en el agua, puede convertirse en un ahogamiento en cuestión de instantes. La buena noticia es que se conoce bien. Sus causas están identificadas, su momento es predecible y las reglas que impiden que se convierta en un accidente son sencillas. Este artículo empieza por el mecanismo, porque las reglas se respetan mucho mejor cuando se entiende por qué existen.
Qué es un síncope hipóxico
Durante una apnea, tu cuerpo sigue consumiendo oxígeno. El cerebro es el órgano más sensible a la falta de oxígeno: cuando la presión de oxígeno en la sangre arterial cae por debajo de un nivel crítico, ya no puede mantener la conciencia y se desconecta. Esto es un síncope hipóxico, a menudo llamado simplemente síncope o, con el término inglés, blackout. Es una especie de apagado protector, ya que un cerebro inconsciente consume menos, pero te deja sin ninguna capacidad de actuar.
Fuera del agua, un síncope durante una apnea suele ser breve: una vez perdida la conciencia, el reflejo respiratorio toma el control y la respiración se reanuda sola. En el agua, ese mismo reflejo se convierte en el peligro. Si las vías respiratorias están bajo la superficie cuando la respiración se reanuda, se inhala agua. Por eso un síncope en el agua es una urgencia, y un síncope en una cama, sin ser nunca algo trivial, por lo general no lo es.
Los apneístas entrenados toleran niveles de oxígeno en sangre sorprendentemente bajos durante sus apneas máximas3. Esa tolerancia es precisamente lo que los hace vulnerables: cuanto mejor sabes mantener la calma en hipoxia, más puedes acercarte al umbral sin darte cuenta.
Por qué suele llegar sin avisar
La sensación que pone fin a la mayoría de las apneas, las ganas de respirar seguidas de las contracciones del diafragma, se debe principalmente al aumento del dióxido de carbono, detectado por quimiorreceptores del tronco encefálico y de las arterias carótidas2. Tu cuerpo tiene una alarma muy sensible para el CO₂ y una mucho más débil para el oxígeno. La falta de oxígeno por sí sola produce poca incomodidad. A medida que empeora, tiende más a embotar el juicio y la atención que a generar alarma.
En una apnea normal, estas dos cronologías están bien separadas: el CO₂ te empuja a respirar mucho antes de que el oxígeno llegue a un nivel crítico. Todo lo que las acerca aumenta el riesgo. Los dos culpables clásicos son la hiperventilación antes de la apnea y, en profundidad, el ascenso.
Tu cuerpo tiene una alarma estridente para el dióxido de carbono y casi ninguna para el oxígeno. El síncope se produce en el hueco entre ambas.
Hiperventilación: el desencadenante clásico
Hiperventilar es respirar más rápido o más profundo de lo que tu cuerpo necesita. Eso expulsa CO₂ de la sangre, a veces de forma drástica. Lo que apenas cambia es el oxígeno: en reposo, la hemoglobina de tu sangre arterial ya está casi totalmente saturada, así que unas respiraciones de más añaden muy poco a tu reserva.
La consecuencia la describió Craig en 1961, en un estudio sobre nadadores que perdieron el conocimiento bajo el agua1. Tras hiperventilar, los nadadores empezaban la apnea con el CO₂ bajo. Las ganas de respirar llegaban mucho más tarde de lo habitual, pero su reserva de oxígeno no había aumentado en proporción. El oxígeno alcanzaba un nivel crítico antes de que saltara la alarma del CO₂, y perdían el conocimiento sintiéndose todavía capaces de continuar.
La trampa es que la hiperventilación parece funcionar. La apnea se alarga y resulta más cómoda, al menos al principio. Lo que en realidad has hecho es retrasar el aviso y dejar el peligro donde estaba. Por eso todas las escuelas serias de apnea la prohíben, y por eso la respiración de preparación que se enseña en la guía de técnicas de respiración es tranquila y lenta, con una espiración larga, y no rápida ni forzada.
Hormigueo en los dedos o alrededor de los labios, sensación de mareo o una ligera sensación de desconexión antes de la apnea son signos de CO₂ bajo. Si los notas, no empieces la apnea: respira con normalidad durante uno o dos minutos hasta que desaparezcan.
Síncope en el ascenso en apnea en profundidad
La profundidad añade un segundo mecanismo, a menudo llamado síncope de aguas someras (shallow water blackout). El término se ha usado para cosas distintas a lo largo de los años, así que conviene describir lo que ocurre realmente2.
La presión del agua aumenta aproximadamente una atmósfera cada 10 metros. A 10 m, la presión que te rodea es el doble que en superficie, y el aire de tus pulmones se comprime hasta cerca de la mitad de su volumen. El oxígeno de ese aire también se comprime, así que su presión parcial, el empuje que hace pasar el oxígeno de los pulmones a la sangre, aumenta. En profundidad, tu sangre se carga de oxígeno con facilidad, aunque lo estés consumiendo.
Durante el ascenso, el proceso se invierte. Al bajar la presión, los pulmones se expanden y la presión parcial del oxígeno restante cae, deprisa, y sobre todo en el tramo más cercano a la superficie, donde la presión cambia más en términos relativos. Un apneísta que se sentía bien en el fondo puede ver cómo la presión de oxígeno en sus pulmones cae por debajo de lo que necesita el cerebro en los últimos metros o justo después de salir. Como la sangre tarda unos instantes en ir de los pulmones al cerebro, el síncope puede producirse después de salir a la superficie e incluso después de una primera respiración.
De aquí se extraen dos conclusiones prácticas. Primero, sentirse bien en el fondo dice poco de cómo te sentirás en superficie. Segundo, la salida no es el final de la inmersión: es uno de sus momentos más peligrosos. La apnea en profundidad solo debe aprenderse en un curso certificado (AIDA, Molchanovs, SSI, PADI Freediver o equivalente), donde estos mecanismos se enseñan en el agua con instructores cualificados.
Pérdida de control motor: la samba
Entre el control total y el síncope completo existe a veces una fase intermedia: la pérdida de control motor, que los apneístas llaman samba. El apneísta sigue parcialmente consciente, pero ya no controla bien su cuerpo. Puede parecer temblor o movimientos bruscos de la cabeza y los brazos, una mirada perdida, incapacidad para mantener la cara fuera del agua o para completar un protocolo de superficie sencillo.
Una samba es señal de hipoxia grave. Significa que el apneísta ha ido demasiado lejos, y puede evolucionar hacia un síncope completo. El compañero debe tratarla exactamente igual que un síncope: acercarse, sujetar la cabeza y mantener las vías respiratorias fuera del agua hasta que el apneísta se haya recuperado con claridad. El apneísta debe dar por terminada la sesión.
El riesgo en el entrenamiento en seco
Entrenar fuera del agua, tumbado en una cama o un sofá, es la forma más segura de practicar apnea estática por tu cuenta, y el entorno adecuado para las tablas CO2 y la mayoría de los ejercicios. El riesgo es menor por dos razones: normalmente no buscas tu máximo absoluto y, si pierdes el conocimiento, la respiración se reanuda en el aire y no bajo el agua.
Menor no significa nulo. Un síncope de pie puede provocar una caída y un traumatismo craneal. Un síncope al volante sería, evidentemente, catastrófico. Y aguantar la respiración en una bañera, una piscina o cualquier masa de agua sin un compañero formado reproduce exactamente las condiciones de un ahogamiento: ha habido accidentes mortales durante prácticas de apnea en solitario en el agua, también en bañeras y piscinas. En seco significa en seco.
Nunca practiques apnea solo en el agua, sea cual sea la profundidad. Por tu cuenta, solo en seco, tumbado o sentado en un lugar seguro: nunca de pie, conduciendo, en la bañera ni cerca del agua. Nunca hiperventiles. Para ante la primera señal de alarma. Si tienes una enfermedad cardíaca o pulmonar, epilepsia o estás embarazada, consulta a tu médico antes de cualquier entrenamiento de apnea.
El sistema de compañero
Todas las reglas de seguridad en apnea se reducen a una idea: rara vez es el síncope lo que mata, sino la ausencia de alguien que ayude. Un apneísta que sufre un síncope junto a un compañero atento y formado suele volver a respirar en cuestión de instantes. El sistema de compañero es la forma de organizar esa presencia.
- Uno arriba, uno abajoSolo una persona hace apnea a la vez. La otra está en superficie, respirando con normalidad, totalmente concentrada en el apneísta y lo bastante cerca para alcanzarlo en segundos.
- El compañero conoce el planAntes de cada inmersión o estática, acordad el tiempo o la profundidad objetivo y una señal. En estática, un toque y una señal con el dedo a intervalos regulares confirman que el apneísta responde.
- En profundidad, el compañero sale a su encuentroEl compañero desciende a recibir al apneísta en la última parte del ascenso y sube a su lado mirándole la cara, porque es ahí donde el síncope es más probable.
- Vigilar hasta la recuperación completaTras la salida, sigue vigilando de cerca. Muchos cursos enseñan al menos 30 segundos; el criterio real es que el apneísta respire con normalidad, responda y esté claramente lúcido.
- Cambiar de papel solo tras la recuperaciónEl compañero no se sumerge hasta que el apneísta anterior se haya recuperado por completo y esté listo para vigilar a su vez.
Un compañero solo sirve si está formado para reconocer un problema y reaccionar. Aguantar la respiración al lado de un amigo que no sabe qué aspecto tiene una samba no es un sistema de compañero.
Qué hacer si tu compañero sufre un síncope
Esta sección explica el principio general para que entiendas lo que te enseñará un curso. No es una formación en primeros auxilios, y leerla no te prepara para realizar un rescate. Las técnicas de rescate deben aprenderse y practicarse en el agua, con un instructor.
El principio es proteger las vías respiratorias y ayudar a que la respiración se reanude. El rescatador saca la cara del apneísta fuera del agua y la mantiene ahí, sujetando la cabeza y con la boca y la nariz despejadas. Se retira la máscara para que la cara quede expuesta al aire. Después viene la secuencia clásica, que suele resumirse como soplar, tocar, hablar: soplar sobre los ojos y la cara, dar toques en la mejilla y hablar al apneísta diciéndole que respire. Estos estímulos a menudo ayudan a que la respiración se reanude. Si no se reanuda rápido, la situación exige avisar a los servicios de emergencia y aplicar las técnicas de ventilación de rescate y reanimación que se enseñan en un curso de primeros auxilios y de rescate en apnea.
Un apneísta que ha sufrido un síncope en el agua debe parar por ese día, aunque se encuentre bien. Se recomienda una valoración médica tras cualquier síncope en el agua, y es imprescindible si ha podido inhalar agua o si después aparecen tos, falta de aire o molestias en el pecho.
Señales de alarma que a veces aparecen
Lo más importante que hay que saber sobre las señales de alarma es que no son fiables. Muchos síncopes se producen sin ninguna de ellas. Aun así, cuando aparecen, deben poner fin a la apnea de inmediato. Para el apneísta, pueden incluir:
- Cambios visuales: visión en túnel, oscurecimiento o dificultad para enfocar.
- Sensaciones inusuales: hormigueo, sensación de calor o de bienestar, o una desaparición repentina de la incomodidad al final de una apnea dura.
- Pensamiento alterado: confusión, perder la noción del tiempo o un estado vago, como de sueño.
- Pérdida de coordinación: manos torpes, dificultad para hacer un gesto sencillo.
Fíjate en que varias de estas sensaciones son agradables más que alarmantes. Ese es el problema de la hipoxia: no te asusta, te desarma. El compañero puede ver señales que el apneísta no percibe: mirada ausente, respuesta lenta o inexistente a una señal, labios que se vuelven azulados, pequeñas sacudidas, un aleteo que se ralentiza o se detiene, o aire que se escapa por la boca.
Las contracciones, en cambio, no son una señal de alarma de síncope. Son la alarma del CO₂ haciendo su trabajo, como explicamos en nuestro artículo sobre las contracciones en apnea. Pero cuidado con la conclusión contraria: no tener contracciones no significa que estés a salvo, sobre todo si has ventilado de más antes. En el entrenamiento en seco, el temporizador de Anima Apnea te permite anotar cuándo llega tu primera contracción. Si de repente aparece mucho más tarde de lo habitual, pregúntate cómo has respirado antes de la apnea.
Preguntas frecuentes
¿Se puede sufrir un síncope en apnea estática en seco?
Sí. Es mucho menos probable si entrenas bastante por debajo de tu máximo y nunca hiperventilas, pero es posible. Por eso las apneas en seco se hacen tumbado o sentado en un lugar seguro, nunca de pie, conduciendo, en la bañera ni en ningún tipo de agua.
¿Un síncope en el agua es siempre mortal?
No. Con un compañero formado que llega de inmediato y mantiene las vías respiratorias fuera del agua, el apneísta suele recuperarse rápido. Solo, el mismo síncope puede acabar en ahogamiento. La diferencia es el compañero.
¿Es aceptable hiperventilar un poco antes de una apnea?
No. Respira con calma antes de la apnea y haz una última inspiración completa, sin forzar. Si notas hormigueo en los dedos o los labios, o sensación de mareo, has ventilado de más: espera respirando con normalidad antes de empezar.
¿Cuánto tiempo debe vigilar el compañero después de una inmersión?
Hasta que el apneísta se haya recuperado por completo: respira con normalidad, responde y está claramente lúcido. Muchos cursos enseñan un mínimo de unos 30 segundos tras salir a la superficie, porque el síncope puede producirse en los primeros instantes en superficie.
¿Las contracciones significan que estoy a punto de sufrir un síncope?
No. Las contracciones se deben sobre todo al aumento del CO2, no a la falta de oxígeno. Pero lo contrario también es cierto: no tener contracciones no significa que estés a salvo, sobre todo después de hiperventilar.
¿Debo ir al médico después de un síncope?
Sí, después de cualquier síncope en el agua, si has podido inhalar agua o si la recuperación no es rápida y completa. La tos, la falta de aire o las molestias en el pecho en las horas siguientes también requieren atención médica.
Anima Apnea guía tus sesiones de estática en seco con patrones de respiración tranquilos, tablas CO2 y O2 adaptadas, señales sonoras y hápticas, y un toque para marcar cada contracción, para que progreses sin necesitar nunca el agua.
Fuentes
- Craig AB Jr. Causes of loss of consciousness during underwater swimming. Journal of Applied Physiology, 1961.
- Lindholm P, Lundgren CEG. The physiology and pathophysiology of human breath-hold diving. Journal of Applied Physiology, 2009.
- Bain AR, Drvis I, Dujic Z, MacLeod DB, Ainslie PN. Physiology of static breath holding in elite apneists. Experimental Physiology, 2018.